Pero a medida que crecía, aunque mantenía la ilusión, fui aterrizando en la realidad...
y mis sueños , aquellos que te nombré, los seguía teniendo presentes y deseaba con tanta intensidad que algún día se hicieran realidad, pero ¿sabes? ...fui creciendo y la violencia se convirió en mi realidad, y lo peor de todo es que me estaba acostumbrando a ella. Odiaba ese hecho, que formara parte de mi vida, así que cuando me tumbaba en mi cama, imagina y sentía que Dios podría escucharme, y rogaba que me ayudase, mis sueños había cambiado porque la violencia estaba ahí tocando a mi puerta y cada noche montaba mis monólogos hasta quedarme dormida .
Siempre me preguntaba lo mismo :
¿Por qué no un abrazo en vez de un disparo?
¿no sería mejor un beso sustityendo a cada golpe?
¿porqué no una acaricia en vez de una lágrima, derramando tristeza?
¿por qué las sonrisas no callan insultos?...
¿por qué fronteras y no puentes?...
Y ahora que soy una adolescente y aunque no lo creas , sigo depositando mi ilusión en ese paraíso terrenal, pidiendo que ese mundo sea nuestro mundo, aquel en el que las personas tengamos un valor y no un precio, en el que nos respetemos y no nos odiemos, en el que se firme la paz y no se declare la guerra, que se rompan las fronteras que deseparezcan cientos de banderas y que exista solo una , que el amor sea nuestro himno, que en vez de fronteras se contruyan puentes...
Y aunque soy consciente de la realidad, aunque sea una adolescente, aun sigue viva esa niña que miraba fijamente al cielo esperando que cualquier ser poderoso me escuchara.

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